Tercera semana


Cómo anduvizarse
“¿Entonces, qué hacemos?” (Lc 3, 10) | DOMINGO III DE ADVIENTO



¿Entonces, qué hacemos? ¿Qué pasa si queremos, si hemos comenzado a caminar, incluso si tenemos ya los requisitos previos?

Eso mismo le preguntan a Juan sus discípulos. ¿Qué hacemos?
Y él no da discursos generales o vacíos de contenido. Les dice cosas concretas:
El que tenga mucho, que dé a los que no tienen, el que tenga comida que la comparta, el que cobra impuestos que no cobre de más (honradez, vamos), el que tenga la fuerza que no use la violencia…
¡Cambiar! Eso pide Juan. Para anduvizarse hay que cambiar, convertirse, traducir lo malo en bueno, usar la cara de la moneda y no siempre la cruz.

Y después del cambiar, comienza a señalar el camino: Mirad que viene alguien más importante que yo. Es decir, si hemos echado andar, si nos hemos despertado, y contado con el Señor, si hemos cambiado… El Señor viene. Viene siempre.

Y viene para seguir cambiando el mundo y cambiándonos. El convertirnos de Juan es el principio, el agua. Después el Espíritu de Dios actuando en medio del mundo.

Y nos habremos anduvizado.




Del Evangelio según San Lucas

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: - «¿Entonces, qué hacemos

Él contestó: - «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: - «Maestro, ¿qué hacemos nosotros

Él les contestó: - «No exijáis más de lo establecido.»

Unos militares le preguntaron: - «¿Qué hacemos nosotros

Él les contestó:

- «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.»

El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:

- «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.»

Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

Palabra del Señor.
(Lucas 21, 25-28. 34-36)

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