Segunda semana


Qué es anduvizarse
“Preparad el camino” (Lc 3, 4) | DOMINGO II DE ADVIENTO



Juan se anduvizó del todo. Es el mejor ejemplo de anduvización que podemos encontrar. Y Juan es el protagonista del evangelio de hoy.
Juan indica el comienzo de un tiempo nuevo y el final del tiempo viejo. Lo nuevo comienza, y Juan está en medio, como puente. Juan caminó, proclamó, cambió y propició el cambio en otros, se encontró con muchos y con Jesús el Señor. Y se alegró con él y señaló el camino hacia él.

Eso es anduvizar: misterio resuelto. Caminar, encontrarse con uno mismo (el desierto), cambiar (preparar el camino), encontrarse con Dios, alegrar y alegrarse y anunciarlo a los cuatro vientos (“Voz del que grita en el desierto…”)

Y eso es el Adviento. Es aquí y ahora.

Y es para todos.



Del Evangelio según San Lucas

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:

«Una voz grita en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos;
elévense los valles,
desciendan los montes y colinas;
que lo torcido se enderece,
lo escabroso se iguale.
Y todos verán la salvación de Dios

 (Lucas 3, 1-6)