Requisitos
previos para anduvizarse
“Ya conocéis las
instrucciones” (1Tes 4, 2)
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Lo primero para comenzar un camino es conocer los
requisitos previos. Y para anduvizarse también los hay. De eso nos hablan las
lecturas de este primer domingo del Adviento. La primera lectura, de Jeremías,
habla de promesas que se van a cumplir (y nos introduce a este tiempo de
Adviento).
Pablo habla de cómo agradar a Dios, y les dice
literalmente “ya conocéis las instrucciones”
Los requisitos previos nos los detalla la lectura
del evangelio, de Lucas. En ella, Jesús habla a sus apóstoles, en un discurso
más amplio, sobre el final de los tiempos. Y les revela cómo será la venida del
“hijo del Hombre”.
Y ante esa venida, tres requisitos, que aparecen al
final de la lectura:
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“Levantaos”. Animarse. Es decir, literalmente, llenarse de alma.
Moverse, no quedarse quietos. No hay que esperar sentados sin hacer nada. Manos
para hacer, oídos para escuchar, mirada para ver, boca para proclamar, corazón
para acoger.
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“Levantar la cabeza”. Somos quiénes somos, con nuestros defectos y
virtudes. Y así nos quiere el Señor. No dejar que nada ni nadie nos “someta”,
no dejarnos avasallar o utilizar. Que nadie nos pise. Yo soy yo, y soy imagen
de Dios.
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“Pidiendo fuerza”. Es decir, orando. Es decir, que contemos con el Señor.
Que no construyamos nuestras vidas sin Él. Que lo tengamos presente y nos
preguntemos qué quiere de nosotros… E
Estar despiertos, alerta, animados. Levantar la cabeza.
Con Dios. Y poner en marcha una nueva mirada, desde la fe, para poder caminar.
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Del
Evangelio según San Lucas
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«Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de
las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres
quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene
encima al mundo, pues los astros se tambalearán.
Entonces
verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando
empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se
acerca vuestra liberación.
Tened
cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la
vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo
sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad
siempre despiertos, pidiendo
fuerza
para escapar de todo lo que está por venir y manteneros
en pie
ante el Hijo del hombre.»
(Lucas 21, 25-28. 34-36)
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