Efectos secundarios
“Dichosa tú” (Lc 1, 45) | DOMINGO IV DE ADVIENTO
Adviento corto. El lunes es la noche santa del nacimiento de Dios. Y la
invitación para volver a nacer nosotros…
Las protagonistas de este domingo, aparentemente, María e Isabel. María
se ha enterado de que su prima Isabel está encinta, siendo estéril, el ángel se
lo ha dicho como señal del poder de Dios. Y María “fue aprisa” porque ha creído
y espera en el Señor.
Y se pone en camino a Ain Karem.
Al llegar, un reencuentro y un encuentro.
María e Isabel se reencuentran, imaginamos la escena. Y Jesús y Juan se
encuentran. Ante la presencia de Jesús, en el vientre de su madre, Juan salta
en el vientre de Isabel.
Es la alegría incontenida, el efecto secundario que produce el Adviento
y el encuentro con Jesús al final del camino. Isabel alaba al Señor, alaba a
Jesús (“el fruto de tu vientre”) y alaba a María: la llama alegre, dichosa,
porque ha creído, porque ha tenido fe…
María se anduvizó. Se puso en camino, creyó,
cambió, se encontró y la alegría la llenó. Y nosotros también anduvizamos. Y
eso trae alegría y calor y nos hace estar preparados.
Porque Jesús es lo que nos hace saltar de alegría.
Lo que nos hace bailar de gusto.
Estamos listos para volver a nacer.
Él viene siempre.
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Del
Evangelio según San Lucas
En
aquellos días, María se puso en camino y fue
aprisa a
la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En
cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó
la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a
voz en grito.
-
«¡Bendita
tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién
soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a
mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa
tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. »
Palabra del Señor.
(Lucas 1, 39-45)
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